
Ataques con drones a centros de datos en Emiratos Árabes y Bahréin encienden alarmas globales; especialistas advierten que ninguna empresa está a salvo, incluso fuera de la zona de conflicto.
El conflicto militar en Irán ya no se libra solo en el terreno físico. A apenas 24 horas de los primeros enfrentamientos, el ciberespacio se ha convertido en un frente activo y silencioso, donde los ataques digitales amenazan con desbordar fronteras y afectar a empresas e instituciones en cualquier rincón del planeta.
Según un informe de la firma de ciberseguridad ESET, la creciente actividad de hacktivistas vinculados al conflicto, sumada a ataques directos contra infraestructura tecnológica, evidencia que la distancia geográfica ya no es sinónimo de protección. “El ciberespacio es un frente más de esta guerra, y los ataques pueden escalar rápidamente con impacto global”, advierte Martina Lopez, especialista en Seguridad Informática de ESET Latinoamérica.
Un hecho concreto encendió las alertas: menos de un día después del inicio de las hostilidades, drones iraníes atacaron instalaciones de infraestructura cloud en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. El impacto dejó fuera de servicio aplicaciones empresariales y servicios críticos en múltiples regiones, demostrando que la guerra digital ya tiene consecuencias tangibles.
El riesgo, sin embargo, no se limita a los ataques físicos contra centros de datos. Decenas de grupos hacktivistas alineados con los intereses iraníes han intensificado sus operaciones en línea, con objetivos que van desde la desestabilización de gobiernos hasta el sabotaje de cadenas de suministro y servicios en la nube utilizados por empresas de todo el mundo.
“Las organizaciones deben prepararse para un aumento de la actividad maliciosa, incluso si operan lejos del epicentro del conflicto”, subraya Lopez. La interconexión global de los sistemas digitales convierte cualquier punto vulnerable en una potencial puerta de entrada al caos.