
El exministro de Defensa, clave en la emergencia de 2017, advierte que el país aún no muestra señales claras de preparación y llama a priorizar la prevención por encima de diferencias políticas
Desde que se confirmó su triunfo electoral, la presidenta electa del Perú, Keiko Fujimori, ha situado la amenaza del Fenómeno El Niño como uno de los ejes prioritarios de su futura gestión. En sus primeras declaraciones públicas, Fujimori subrayó que la atención a este evento climático será una de las primeras medidas que adoptará al asumir el mando, el próximo 28 de julio.
Este anuncio ha reavivado el debate técnico y político sobre quién estará al frente de la respuesta estatal ante lo que los especialistas califican como una emergencia de alto riesgo. En ese contexto, el nombre de Jorge Nieto Montesinos, exministro de Defensa y excandidato presidencial que enfrentó a Fujimori en las últimas elecciones, ha vuelto a sonar con fuerza en los círculos de poder y especialización en gestión de desastres.
Consultado por el programa web La Encerrona, Nieto Montesinos fue tajante al descartar cualquier incorporación al gabinete de la nueva administración. «Yo no voy a aceptar ningún cargo en el gobierno de la señora Fujimori», afirmó con claridad, extendiendo su negativa a todo tipo de función política, técnica o administrativa.
Sin embargo, el exfuncionario matizó su postura al ofrecer un canal de colaboración excepcional: «Si la presidenta electa requiere mi consejo para evitar que el fenómeno derive en una tragedia mayor, contará con ello». Esta distinción entre asesoría y cargo formal revela su intención de anteponer el interés nacional a las diferencias partidarias, sin comprometer su independencia política.
Nieto Montesinos recordó con precisión los momentos iniciales de la emergencia que enfrentó durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. «El fenómeno empezó el 15 de enero y a las cinco de la tarde ya estábamos en la zona de Chaclacayo, Chosica y Santa Eulalia con doscientos hombres atendiendo la situación», relató.
Pero el éxito de aquella intervención no fue casualidad. El exministro atribuyó parte fundamental de la eficacia a las obras de prevención ejecutadas en el gobierno anterior, liderado por Ollanta Humala, que instalaron mallas metálicas en la parte alta de varias quebradas para retener material sólido arrastrado por las lluvias. Esa infraestructura —subrayó— transformó la naturaleza de la amenaza: «Nos tuvimos que enfrentar básicamente a agua y lodo, no a rocas ni troncos. El lodo alcanzó entre uno y metro y medio dentro de algunas viviendas, pero la ausencia de elementos pesados redujo drásticamente el número de víctimas y los daños a la infraestructura».
La experiencia de 2017 deja una enseñanza clara para el nuevo gobierno: la inversión preventiva en obras de contención multiplica la efectividad de cualquier respuesta de emergencia. Sin embargo, Nieto Montesinos advirtió que, hasta ahora, no percibe señales claras de que el país esté preparado para enfrentar un fenómeno de magnitud similar.
Mientras en Lima crecen las especulaciones sobre los nombres que integrarán el gabinete de Fujimori, los especialistas en gestión de riesgos consideran que la pregunta urgente no es quién ocupará qué cartera, sino quién estará al frente del organismo coordinador de la respuesta al desastre y con qué recursos contará desde el primer día.
La diferencia entre una emergencia manejable y una catástrofe —como demostró 2017— se juega en las horas iniciales. Doscientos efectivos desplegados en menos de un día marcaron entonces el ritmo de la respuesta. El equipo de transición tiene ahora la tarea de definir, antes del 28 de julio, una estructura de mando capaz de replicar esa velocidad de reacción.
El Fenómeno El Niño, a diferencia de los gabinetes ministeriales, no espera. Y el país, esta vez, mira con atención si la voluntad política se traduce en acciones concretas antes de que el agua y el lodo vuelvan a golpear las puertas de las ciudades.