
Perú apuesta por el veterano F-16 en su máxima evolución mientras Chile evalúa el caza furtivo de quinta generación: ¿ventaja táctica o superioridad tecnológica?
La Fuerza Aérea del Perú (FAP) acaba de sellar la compra de 24 cazas F-16 Block 70 por 2.000 millones de dólares, un movimiento que busca cerrar una brecha operativa de décadas. Pero el giro geopolítico no pasa desapercibido: Chile analiza adquirir el F-35 Lightning II, el avión más sigiloso del planeta. Ambos son fabricados por Lockheed Martin, pero representan dos filosofías de guerra opuestas. La pregunta que recorre los cuarteles y think tanks regionales es clara: ¿qué avión tiene más pode
El F-16 Block 70 es la cumbre de la cuarta generación de cazas. Nacido del legendario F-16 que voló por primera vez en 1974, este modelo incorpora el radar AESA APG-83, cabina digital, sistema automático de prevención de colisiones y una vida útil superior a 12.000 horas. Su ADN sigue siendo la maniobrabilidad y la versatilidad en combate cerrado.
En la otra esquina, el F-35 Lightning II es puro siglo XXI. Diseñado desde cero para la guerra en red, prioriza el sigilo (stealth), la fusión de sensores y la capacidad de “ver antes de ser visto”. No busca el duelo de perros; busca disparar primero sin ser detectado.
Como resume la revista Air Force Technology, el F-35 está concebido para “ver primero, disparar primero y salir primero”.

El F-16 Block 70 puede cargar hasta nueve estaciones externas con una combinación letal de misiles AIM-120 AMRAAM, AIM-9X Sidewinder, bombas JDAM, Paveway, AGM-65 Maverick y su cañón M61A1 Vulcan de 20 mm. Es un caballo de batalla multitarea.
El F-35, en su versión F-35A, lleva misiles AIM-120 AMRAAM en bodegas internas (preservando el sigilo), bombas guiadas GBU-31/32 y un cañón GAU-22/A de 25 mm. Puede configurarse con carga externa cuando la furtividad no es prioritaria, pero su gran activo es la guerra electrónica integrada, capaz de cegar radares enemigos.
Perú llega tarde pero con fuerza. Su flota de Mirage 2000 y MiG-29 supera los 40 años, lo que lo había relegado a la quinta potencia aérea en Sudamérica, por detrás de Brasil, Argentina, Colombia y Chile. Con los F-16 Block 70, la FAP recupera capacidad de disuasión inmediata.
Chile, en cambio, mira un escalón más arriba. Si concreta la compra del F-35, no solo renovaría su flota, sino que daría un salto cualitativo que ningún otro país de la región (exceptuando posiblemente Brasil) podría igualar a corto plazo. Sería el primer operador de un caza de quinta generación en Sudamérica.
No hay un vencedor absoluto, porque no pelean en la misma liga. En un combate cerrado y visual, el F-16 Block 70 puede imponer su velocidad y giro. Pero en un escenario de guerra moderna —con radares avanzados, defensas antiaéreas densas y guerra electrónica—, el F-35 es superior.
Como apunta Jane’s Defence, el F-35 representa el futuro del combate aéreo: sigilo, redes de datos y muerte silenciosa. El F-16 Block 70 es el mejor de su generación, eficiente y letal, pero nacido para un tipo de guerra que ya está mutando.
En resumen:
La gran incógnita ahora no es solo qué avión es mejor, sino cómo reaccionará Perú si Chile desempolva la chequera y trae el F-35 a la región. El equilibrio aéreo en Sudamérica, frágil por naturaleza, acaba de entrar en una nueva era de tensión calculada.