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UNICEF: 20 millones de niños sufrieron abuso sexual digital en un año

·9 min de lectura
UNICEF
  • Un estudio internacional de UNICEF, INTERPOL y ECPAT International revela la magnitud de la explotación sexual infantil facilitada por la tecnología. En cuatro países de América Latina y el Caribe, casi uno de cada cinco adolescentes de entre 12 y 17 años que utiliza Internet sufrió alguna de estas situaciones. Las redes sociales, la difusión de imágenes íntimas sin autorización y el uso de inteligencia artificial figuran entre las principales amenazas.

Una fotografía privada difundida sin permiso puede cambiar la vida de un adolescente. Eso fue lo que le ocurrió a una joven de República Dominicana, quien relató que quedó conmocionada cuando imágenes íntimas suyas comenzaron a circular sin su consentimiento, a los 14 años.

Su testimonio forma parte de una investigación internacional impulsada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), INTERPOL y ECPAT International, que expone los peligros de la explotación y el abuso sexual infantil vinculados al uso de tecnologías digitales.

Una de cada cinco víctimas en países de América Latina y el Caribe

De acuerdo con el estudio, aproximadamente 20 millones de niños, niñas y adolescentes de entre 12 y 17 años, distribuidos en 21 países, experimentaron al menos una forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología durante un año.

La situación también preocupa en América Latina y el Caribe. En los cuatro países de la región incluidos en la investigación, el 18 % de los adolescentes de entre 12 y 17 años que utilizan Internet manifestó haber sufrido alguna de estas experiencias. En otras palabras, casi uno de cada cinco menores encuestados.

El informe, titulado Through Children’s Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse (A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil), reúne testimonios de menores y datos obtenidos mediante encuestas para examinar cómo las herramientas digitales pueden facilitar situaciones de violencia sexual.

Los resultados muestran que el problema no se limita a lo que sucede dentro de una pantalla. Los abusos pueden comenzar o desarrollarse en entornos virtuales y extenderse a la vida cotidiana, con consecuencias que afectan la seguridad, las relaciones personales y el bienestar emocional de las víctimas.

La dimensión de esta problemática también se refleja en las cifras recopiladas por el Childlight Global Child Safety Institute. Un informe publicado en 2025 indicó que los casos de abuso infantil facilitado por la tecnología registrados en Estados Unidos pasaron de 4.700 en 2023 a más de 67.000 en 2024.

Chris Sherwood, director ejecutivo de la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños (NSPCC), declaró a la BBC que durante el último año cientos de menores buscaron ayuda para contar experiencias de abuso sexual en línea relacionadas con aplicaciones y plataformas populares. Según advirtió, estos delitos pueden provocar un sufrimiento profundo y dejar consecuencias duraderas tanto en las víctimas como en sus familias.

Los principales riesgos que enfrentan los menores en Internet

Uno de los desafíos señalados por UNICEF es que la violencia sexual digital puede presentarse de distintas maneras. Algunas situaciones comienzan con mensajes aparentemente inofensivos y evolucionan hacia la manipulación, las amenazas o la exigencia de contenido íntimo.

La organización identifica varios riesgos que los padres, cuidadores y educadores deben conocer:

  • Exposición a contenido sexual: cuando los menores reciben o encuentran imágenes y videos explícitos sin haberlos solicitado.
  • Solicitudes de imágenes íntimas: peticiones de fotografías o grabaciones de carácter sexual, que pueden estar acompañadas de presión o manipulación.
  • Grooming: proceso mediante el cual una persona se gana la confianza de un menor para manipularlo con fines de explotación o abuso sexual.
  • Sextorsión: amenazas de divulgar imágenes íntimas para exigir dinero, más fotografías, actos sexuales u otras acciones.
  • Difusión de contenido privado sin consentimiento: publicación o envío de imágenes íntimas sin autorización de la persona afectada.
  • Imágenes sexuales falsas creadas con inteligencia artificial: uso de fotografías reales para fabricar contenido sexual manipulado que puede humillar, amenazar o perjudicar a un menor.
  • Acoso digital: hostigamiento, intimidación o amenazas a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería y otros servicios en línea.

UNICEF también advierte que estos abusos no siempre son cometidos por desconocidos. En algunos casos, los responsables son personas del entorno de la víctima, como compañeros, parejas, familiares u otros menores.

Las redes sociales concentran una parte importante de los casos

El director regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, Roberto Benes, advirtió que la expansión de las tecnologías digitales ha generado nuevos desafíos para la protección de la infancia.

Según explicó, muchos menores sufren solicitudes sexuales, presiones para compartir fotografías íntimas o la circulación de imágenes privadas sin su autorización. Una de las mayores dificultades es el silencio de las víctimas: una proporción considerable no cuenta lo ocurrido a nadie, mientras que solo una pequeña parte de los casos llega a las autoridades.

El informe también señala que las redes sociales y las aplicaciones de mensajería pueden convertirse en espacios donde se producen estas agresiones. Entre las plataformas mencionadas figuran Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp.

La falta de denuncias dificulta conocer la verdadera dimensión del problema e impide que muchas víctimas reciban atención y protección a tiempo.

Las consecuencias emocionales pueden prolongarse durante años

El abuso sexual facilitado por la tecnología no termina necesariamente cuando se elimina una publicación o se bloquea una cuenta. Las imágenes pueden copiarse, guardarse y distribuirse nuevamente, lo que prolonga la angustia de quienes aparecen en ellas.

UNICEF advierte que estas experiencias pueden deteriorar la autoestima, afectar las relaciones personales y debilitar la confianza en otras personas. Entre las consecuencias también pueden aparecer ansiedad, miedo, vergüenza y una persistente sensación de inseguridad.

Algunos participantes de la investigación describieron sentimientos de haber sido utilizados o de sentirse sucios después de sufrir este tipo de violencia.

Por ello, los especialistas insisten en que la respuesta de los adultos debe centrarse en proteger a la víctima, evitar que vuelva a sufrir agresiones y facilitar el acceso a ayuda especializada. Culpar al menor por haber compartido una fotografía, haber confiado en alguien o no haber denunciado de inmediato puede agravar su sufrimiento.

La inteligencia artificial añade nuevas amenazas

El avance de la inteligencia artificial plantea riesgos adicionales. Estas herramientas pueden utilizarse para crear imágenes sexuales falsas, modificar fotografías de menores o elaborar mensajes de manipulación cada vez más personalizados.

Organismos internacionales han advertido que los agresores pueden aprovechar la información publicada en Internet para conocer los intereses, las actividades y las emociones de sus posibles víctimas. Con esos datos, pueden diseñar estrategias para ganarse su confianza y aumentar la presión sobre ellas.

Ante este escenario, los jóvenes reclaman que las empresas tecnológicas asuman una mayor responsabilidad en la seguridad de sus servicios.

Sofía, integrante chilena del Consejo de Acción Adolescente y Juvenil de la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, pidió establecer medidas que permitan identificar adecuadamente a los usuarios, aplicar criterios de edad y adaptar las plataformas a las necesidades de protección de cada grupo.

También planteó la importancia de establecer protocolos de emergencia claros y mecanismos de respuesta rápida ante situaciones de peligro.

Por su parte, Ismael, un joven panameño que participa en el mismo consejo, expresó su preocupación por la privacidad y la seguridad de los usuarios. Reclamó que los adolescentes puedan comunicarse con sus amigos, buscar información y utilizar las redes sociales sin sentirse acosados ni temer que sus datos personales sean utilizados indebidamente.

Cómo pueden proteger los padres a sus hijos en Internet

Frente a estos riesgos, UNICEF recomienda que las familias, las escuelas, las empresas tecnológicas y las autoridades trabajen de manera conjunta. La protección no depende únicamente de restringir el acceso a Internet, sino también de enseñar a los menores a reconocer situaciones peligrosas y pedir ayuda.

Estas son algunas medidas prácticas que los adultos pueden aplicar:

1. Mantener una comunicación abierta. Hablar con los niños y adolescentes sobre sus experiencias digitales, sus amistades en línea y las situaciones que les generan incomodidad. Es importante que sepan que pueden pedir ayuda sin temor a ser castigados.

2. Enseñarles a proteger su privacidad. Explicar por qué no deben compartir datos personales, contraseñas, ubicaciones en tiempo real ni fotografías íntimas con personas en las que no confían.

3. Identificar señales de manipulación. Alertarlos sobre personas que solicitan mantener conversaciones en secreto, ofrecen regalos a cambio de fotografías, insisten en trasladar la conversación a otra plataforma o amenazan con revelar información privada.

4. Revisar las opciones de seguridad. Configurar adecuadamente la privacidad de las cuentas, limitar quién puede enviar mensajes, controlar las solicitudes de contacto y utilizar las herramientas de denuncia y bloqueo disponibles.

5. Establecer reglas apropiadas para cada edad. Acordar horarios, límites de uso y condiciones para descargar aplicaciones, procurando que las medidas sean claras y proporcionales a la edad y madurez del menor.

6. Actuar rápidamente ante una amenaza. Si un menor recibe amenazas o sufre chantaje sexual, los adultos deben priorizar su seguridad, conservar de forma segura las pruebas pertinentes y acudir a las autoridades competentes. No deben reenviar ni difundir imágenes sexuales de menores.

7. Buscar ayuda especializada. Cuando se detecta una situación de abuso, es importante recurrir a profesionales y servicios de protección infantil que puedan ofrecer orientación y acompañamiento.

¿Qué hacer si un menor sufre abuso sexual digital?

La primera respuesta puede marcar una diferencia importante. UNICEF recomienda fortalecer los entornos de confianza para que los niños y adolescentes puedan contar lo sucedido y recibir apoyo.

Si un menor revela una situación de abuso, es fundamental escucharlo con calma, creerle, agradecerle que lo haya contado y dejar claro que no tiene la culpa de lo ocurrido. También se debe evitar interrogarlo repetidamente o confrontar al presunto agresor de una manera que pueda ponerlo en mayor peligro.

Si existe sextorsión, amenazas o difusión de imágenes íntimas, conviene guardar los mensajes, enlaces, nombres de usuario y otros datos relevantes sin volver a compartir el contenido sexual. Las cuentas pueden bloquearse y denunciarse mediante los canales oficiales de las plataformas, pero estas acciones no sustituyen la denuncia ante las autoridades cuando corresponda.

En Perú, ante una situación de violencia sexual contra un menor, se puede solicitar orientación a los servicios oficiales de protección infantil y acudir a la Policía Nacional o al Ministerio Público. Si existe peligro inmediato, debe buscarse ayuda de emergencia.

Una responsabilidad compartida para garantizar una infancia segura

UNICEF sostiene que las empresas tecnológicas deben incorporar medidas de seguridad desde el diseño de sus plataformas, proteger los datos personales de los menores y habilitar procedimientos accesibles y eficaces para denunciar contenidos y conductas abusivas.

Los gobiernos, a su vez, deben fortalecer las leyes, los sistemas de protección y los servicios de atención a las víctimas. Las familias, las instituciones educativas y las comunidades tienen la responsabilidad de promover una cultura de prevención basada en la información, el respeto y la escucha.

Roberto Benes subrayó la necesidad de actuar de manera conjunta para evitar que los niños crezcan bajo el peso de la ansiedad, la vergüenza y el miedo provocados por la violencia sexual.

El mensaje central de la investigación es claro: proteger a la infancia en el entorno digital exige educación, prevención, plataformas más seguras y adultos preparados para actuar. Conocer los riesgos y crear espacios de confianza puede ayudar a detectar los abusos a tiempo y evitar que más niños y adolescentes enfrenten estas situaciones en silencio.

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