
El fenómeno El Niño amenaza con generar nuevas presiones sobre la economía de los hogares peruanos. Más allá de las lluvias intensas, las inundaciones y los periodos de sequía, las alteraciones climáticas pueden reducir la disponibilidad de determinados alimentos, perjudicar las cosechas y dificultar el traslado de productos desde las zonas de producción hasta los mercados.
A estos factores se suman el costo de los combustibles y los posibles problemas en las principales vías de comunicación. Como resultado, productos de consumo cotidiano, como el pescado, las frutas, las verduras y algunos tubérculos, ya muestran variaciones en sus precios en distintos mercados de Lima.
Sin embargo, no todos los alimentos subirán necesariamente de precio ni los incrementos serán iguales en todas las regiones del país. La evolución dependerá de la intensidad de los fenómenos climáticos, el estado de las carreteras, la disponibilidad de agua y la capacidad de los comerciantes para abastecerse de otras zonas productoras.
Las experiencias de 1998 y 2017 muestran que los eventos asociados a El Niño pueden alterar tanto la producción agrícola como las cadenas de distribución, con consecuencias para el presupuesto familiar.
En este contexto, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) proyecta una inflación de 3,8% para el cierre de 2026, por encima de su rango meta de entre 1% y 3%. Entre los factores que podrían mantener la presión sobre los precios figuran las condiciones climáticas y el encarecimiento de los combustibles.
El combustible es un componente importante de los costos de distribución de alimentos. El traslado de productos desde las chacras, los puertos y las granjas hasta los centros de abasto requiere transporte, por lo que cualquier incremento de los fletes puede terminar repercutiendo en el precio que paga el consumidor.
El exviceministro de Energía y Minas Pedro Gamio advirtió que el diésel pasó de costar alrededor de S/ 12 en marzo a cerca de S/ 30, según declaraciones difundidas por Canal N. También señaló que la dependencia peruana de las importaciones expone al país a las variaciones de las cotizaciones internacionales y a las dificultades logísticas.
Ante este panorama, el Gobierno anunció S/ 500 millones destinados a subsidiar combustibles. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), por su parte, ha identificado el comportamiento del petróleo, el fenómeno El Niño y las condiciones financieras internacionales entre los factores de riesgo para la economía peruana.
No obstante, es importante distinguir entre el precio del combustible y los problemas ocasionados por la infraestructura. Durante el Niño Costero de 2017, por ejemplo, el precio mayorista del diésel disminuyó en marzo. Esto demuestra que el encarecimiento de los alimentos no depende exclusivamente del combustible: las carreteras dañadas, los desvíos y las interrupciones del transporte también pueden elevar los costos de distribución.
Los pescados se encuentran entre los alimentos que registran variaciones importantes en algunos mercados limeños. En el mercado José Carlos Mariátegui, ubicado en Canto Grande, distrito de San Juan de Lurigancho, el kilo de bonito entero pasó de costar entre S/ 7 y S/ 8 a situarse entre S/ 10 y S/ 11.
El filete de bonito también experimentó un incremento: de un rango de S/ 15 a S/ 16 pasó a venderse a S/ 20 por kilo.
El perico, utilizado habitualmente en la preparación de ceviches y otros platos, subió de S/ 25 o S/ 26 a aproximadamente S/ 34 por kilo. Según los comerciantes, estas variaciones estarían relacionadas con una menor disponibilidad de determinadas especies y con los cambios en las condiciones del mar.
Sin embargo, el efecto de El Niño sobre la pesca no siempre se traduce en precios más elevados. En determinadas circunstancias, el desplazamiento de especies de aguas cálidas puede aumentar temporalmente la captura de bonito y caballa, favoreciendo una mayor oferta. Por ello, el comportamiento de los precios dependerá de la disponibilidad efectiva de cada especie y de las condiciones de extracción.
El limón también registra aumentos en diferentes puntos de Lima. En Surquillo, el kilo pasó de S/ 3,50 a S/ 4; en Canto Grande, de S/ 4 a S/ 4,50; y en Balconcillo, de S/ 4,20 a S/ 4,60.
Este cítrico es especialmente vulnerable a los problemas de producción en las regiones del norte. Durante 2017, su precio llegó a incrementarse considerablemente como consecuencia de las alteraciones climáticas y los daños que afectaron el abastecimiento.
El choclo destaca entre los productos que han registrado incrementos en los centros de abasto. De acuerdo con los precios reportados por comerciantes, la mano de choclo de primera llegó a venderse a S/ 18 en el Gran Mercado Mayorista de Lima, frente a los S/ 6 u S/ 8 que costaba anteriormente. La presentación de segunda se ofrecía entre S/ 13 y S/ 15.
En los mercados minoristas, el precio por unidad también aumentó. Un choclo que antes podía conseguirse entre S/ 1 y S/ 2,50 pasó a costar entre S/ 3 y S/ 3,50.
El tomate y la arveja tampoco han quedado al margen de las variaciones. En el mercado Lobatón, en Lince, el kilo de tomate subió de S/ 4 a S/ 6, mientras que la arveja pasó de S/ 8 a S/ 12.
La papa amarilla es otro producto que conviene seguir de cerca. Algunos reportes comerciales la situaron entre S/ 6 y S/ 7 por kilo, por encima del rango previo de S/ 4,50 a S/ 5,50.
Sin embargo, las cotizaciones mayoristas muestran diferencias importantes respecto de los precios que se encuentran en los puestos minoristas. El 22 de octubre, en Santa Anita, el precio mayorista promedio de la papa amarilla fue de S/ 3,88 por kilo. En ese mismo mercado, la papa blanca se cotizó en S/ 1,08 y la cebolla roja en S/ 2,65.
Estas diferencias responden, entre otros factores, a los costos de transporte, la selección de los productos, los márgenes comerciales y el lugar donde se realiza la compra. Por ello, comparar precios requiere tener en cuenta si corresponden al mercado mayorista o al consumidor final.
El azúcar cuenta con antecedentes de aumentos durante anteriores episodios de El Niño. En 2017, su precio se incrementó un 14,3% entre enero y mayo, en un contexto de inundaciones y temperaturas elevadas que afectaron los cultivos de caña de azúcar en La Libertad y Lambayeque.
En 1998, la producción de caña cayó un 17,7%, según las cifras citadas para ese episodio, debido a las inundaciones y las dificultades para cosechar y transportar la materia prima.
Los huevos y el pollo enfrentan otros riesgos. La producción avícola depende de insumos como el maíz y la soya, además de los gastos de transporte, almacenamiento y distribución. Cuando estos costos aumentan, los productores pueden enfrentar mayores dificultades para mantener sus precios.
La Asociación Peruana de Avicultura estimó que el costo de producción de huevos podría haberse incrementado entre un 10% y un 15%, debido al encarecimiento de los insumos y los fletes.
Las interrupciones en las carreteras también pueden generar desequilibrios en el abastecimiento: mientras algunas zonas productoras acumulan mercancía por las dificultades para distribuirla, los mercados urbanos pueden experimentar una menor disponibilidad. Estas distorsiones pueden provocar variaciones de precios incluso cuando existe producción suficiente a escala nacional.
Por ahora, el impacto definitivo sobre estos alimentos dependerá de cómo evolucionen las condiciones climáticas y los costos de producción durante los próximos meses.
Por el momento, los datos disponibles no permiten afirmar que exista un desabastecimiento generalizado en el país. El Mercado Mayorista de Lima mantiene un ingreso promedio de aproximadamente 7.420 toneladas diarias, aunque esta cifra debe interpretarse dentro de su ámbito y periodo de referencia.
Un volumen importante de productos puede seguir ingresando a los mercados mientras algunos alimentos específicos experimentan aumentos por problemas de producción, estacionalidad o distribución.
El principal riesgo es que las alteraciones climáticas se prolonguen y coincidan con dificultades logísticas, mayores costos de los insumos y una menor oferta de determinados productos. En ese escenario, los hogares podrían enfrentar nuevos incrementos en los gastos destinados a la alimentación.
Por ello, será importante seguir la evolución de los precios mayoristas y minoristas, las condiciones de las carreteras y los reportes de producción agrícola y pesquera.
La clave estará en determinar si las alzas actuales son temporales o si se mantienen durante los próximos meses. Mientras tanto, comparar precios entre mercados, revisar los productos de temporada y buscar alternativas de compra puede ayudar a las familias a administrar mejor su presupuesto.