
En julio pasado, el escritor peruano David Silva Rojas, nacido en Ica en 1981, se convirtió en noticia tras ganar el Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat en España con su obra Donde el agua trabaja. La historia transcurre en una hacienda vitivinícola de Ica y aborda, entre otros temas, las condiciones de explotación laboral en el campo.
Sin embargo, la distinción literaria quedó envuelta en una controversia después de que el diario español El País publicara un informe en el que señala que la novela obtuvo un resultado del 99 % de probabilidad de haber sido escrita con inteligencia artificial, según el detector Pangram. De confirmarse el uso de esta tecnología en las condiciones cuestionadas, el caso podría convertirse en un precedente relevante para el debate sobre la IA en la literatura en español.
La elección de la novela fue unánime. El jurado estuvo integrado por reconocidas escritoras latinoamericanas: la mexicana Cristina Rivera Garza, quien lo presidió, la argentina Selva Almada y la ecuatoriana Mónica Ojeda.
La convocatoria recibió 2.204 manuscritos procedentes de 22 países de cuatro continentes, lo que convirtió la obra de Silva Rojas en la ganadora de una competencia internacional de amplia participación.
Cuando se anunció el resultado, Rivera Garza destacó el tratamiento del cuerpo, el territorio y las condiciones del trabajo agrícola presentes en la narración. Según declaró entonces a Europa Press, el jurado valoró especialmente la minuciosidad con la que la novela retrataba a su protagonista y el entorno laboral en el que se desarrolla la historia.
El premio está dotado con 20.000 euros e incluye la publicación de la novela en México, España, Argentina, Colombia y Perú, además de su distribución en otros países latinoamericanos.
La obra acababa de iniciar su recorrido editorial internacional cuando estalló la polémica. En medio de la situación, la editorial Almadía canceló la presentación que tenía prevista para ese día en Madrid.
Consultada por El País, la editorial manifestó su sorpresa ante los resultados difundidos. Posteriormente, emitió un comunicado en el que informó que David Silva Rojas niega haber empleado inteligencia artificial para escribir la novela. Asimismo, aseguró que llevará a cabo una revisión detallada para esclarecer lo ocurrido.
El caso también vuelve a poner sobre la mesa una cuestión cada vez más relevante en el ámbito editorial: hasta qué punto las herramientas automatizadas pueden determinar la autoría de una obra literaria.
Aunque los detectores de inteligencia artificial pueden identificar patrones lingüísticos que consideran compatibles con textos generados por estas tecnologías, sus resultados no constituyen por sí solos una prueba definitiva. Por ello, la cifra atribuida a Pangram deberá evaluarse junto con otros elementos antes de establecer conclusiones sobre el proceso de escritura.
La investigación anunciada por la editorial será clave para determinar si existió un uso de inteligencia artificial y, de ser así, en qué medida y bajo qué circunstancias.
De acuerdo con la información publicada por Almadía, David Silva Rojas es abogado, investigador y narrador. Su formación literaria incluye programas de escritura dramática en Gamagōri y talleres de guion en el NHK Bunka Center.
La editorial señala que esa experiencia contribuyó a desarrollar una concepción narrativa influida por principios estéticos orientales, como el Ma, que atribuye valor expresivo al vacío y al silencio, la economía verbal del haiku y una construcción dramática en la que el significado se revela también a través de aquello que queda fuera de escena.
Mientras se esperan los resultados de la revisión, la controversia deja una pregunta abierta para el mundo editorial: ¿cómo deben responder los premios literarios cuando surgen sospechas sobre el uso de inteligencia artificial en una obra ganadora?