
Cuatro delincuentes irrumpieron en la Basílica de La Merced, dispararon contra un hombre de 65 años y huyeron con más de 15 mil dólares, en un hecho que estremeció a fieles y comerciantes del jirón de la Unión.
El bullicio matutino del jirón de la Unión, una de las arterias turísticas más vibrantes de la capital peruana, se vio interrumpido este lunes por el estruendo de dos disparos que resonaron dentro de la Basílica Nuestra Señora de la Merced. Lo que debía ser un momento de recogimiento y fe se convirtió en una escena de terror cuando cuatro delincuentes armados asaltaron a un cambista que oraba frente al altar, lo balearon y escaparon con un botín de 52.000 soles (aproximadamente 15 mil dólares), desatando el pánico entre decenas de fieles que se encontraban en el recinto religioso.
La víctima, identificada como Julio Eduardo de la Cruz Tagle, de 65 años, fue alcanzada por un proyectil en el brazo derecho y trasladada de urgencia al Hospital Nacional Arzobispo Loayza. Su estado de salud, hasta el cierre de esta edición, se mantenía en reserva. Horas después del ataque, la Policía Nacional logró la captura de uno de los implicados, Walter Stward Trujillo Ramírez (30), quien fue reducido cuando intentaba huir a pie y amenazaba a un agente de Serenazgo con un revólver calibre 38. Los otros tres integrantes de la banda continúan prófugos.
De acuerdo con las primeras investigaciones policiales y los testimonios recogidos en el lugar, el asalto no fue improvisado. De la Cruz Tagle, quien se desempeñaba como cambista informal en la zona, había retirado minutos antes los 52.000 soles de una agencia bancaria cercana. Fue en ese momento cuando, según las cámaras de seguridad, los delincuentes lo marcaron y lo siguieron sigilosamente hasta el interior del templo, un sitio que el agraviado frecuentaba para rezar antes de iniciar su jornada laboral.
El ataque se produjo alrededor de las 9:50 de la mañana, justo cuando el cambista se disponía a abandonar la basílica. Fue entonces cuando dos de los asaltantes lo interceptaron. Sin mediar palabra, Trujillo Ramírez desenfundó su arma y disparó en dos ocasiones. Uno de los proyectiles impactó en el brazo de la víctima, que cayó al suelo mientras los delincuentes le arrebataban el morral con el dinero. Inmediatamente, el botín fue entregado a un cómplice que vestía una polera blanca, quien logró escapar en una motocicleta por el jirón Huancavelica, según quedó registrado en las cámaras de videovigilancia de la Municipalidad Metropolitana de Lima.
El eco de los disparos dentro de la nave central de la basílica provocó una estampida humana. Los fieles, que en su mayoría se encontraban en oración, corrieron hacia las puertas del templo sin saber si los atacantes continuarían disparando. La escena, captada por varios teléfonos móviles, muestra el caos y la desesperación de quienes presenciaron el violento episodio.
«Justo pasaba por aquí; ellos pasaron detrás de mí y, al escuchar los disparos, todos empezamos a correr por el miedo a que nos alcanzara un proyectil», relató una testigo a TVPerú Noticias, aún con la voz entrecortada. Otra asistente, visiblemente indignada, sentenció ante los micrófonos de Exitosa: «Entrar dentro de la iglesia y disparar significa que no hay nada, no hay ley, no hay protección para el ciudadano». Sus palabras reflejan un sentimiento que se extiende como pólvora entre los comerciantes y vecinos del Centro Histórico, hartos de la ola de criminalidad que azota una de las zonas con mayor patrimonio cultural del país.
La Basílica Nuestra Señora de la Merced, construida en 1535, es uno de los templos coloniales más antiguos y concurridos de Lima. Su ubicación estratégica, en el corazón del jirón de la Unión —un corredor peatonal que conecta la Plaza San Martín con la Plaza de Armas— la convierte en un punto de encuentro para turistas nacionales y extranjeros, pero también en un escenario vulnerable para la actividad económica informal, especialmente el cambio de divisas, que opera a la vista de todos sin control ni resguardo policial efectivo.
Mientras la mayoría de los atacantes lograba dispersarse entre el gentío, Trujillo Ramírez no corrió con la misma suerte. Al percatarse de que su cómplice en la motocicleta no regresaba por él, el delincuente intentó huir caminando por la avenida Emancipación. Fue entonces cuando un agente de Serenazgo intentó interceptarlo, pero el sujeto sacó su revólver y lo amenazó, para luego tratar de apoderarse de una motocicleta estacionada.
La rápida acción de un efectivo policial de tránsito, que siguió al sospechoso y alertó a otras unidades, permitió que agentes de la División de Emergencias lograran reducirlo tras un violento forcejeo. Al momento de su detención, se le incautó el revólver calibre 38 con municiones, el mismo que habría utilizado para disparar contra De la Cruz Tagle. El detenido fue trasladado a la comisaría de Monserrat, donde quedó a disposición del Ministerio Público por los delitos de robo agravado, tentativa de homicidio y tenencia ilegal de arma de fuego. Las cámaras de seguridad municipales captaron tanto la huida como la captura, y esos registros ya fueron entregados a la Policía Nacional para profundizar en las investigaciones.
El asalto en la Basílica de La Merced no es un hecho aislado. En abril de este año, otro cambista fue asesinado en el mismo jirón de la Unión, en un ataque con características casi idénticas: seguimiento, robo de efectivo y fuga en motocicleta. La zona, pese a su importancia turística e histórica, se ha convertido en un punto caliente para bandas especializadas que operan con total impunidad, aprovechando la informalidad del mercado cambiario y la falta de una vigilancia disuasiva en horarios críticos.
Este nuevo episodio de violencia ha puesto nuevamente en el centro del debate la seguridad en el Centro Histórico de Lima, una zona que, aunque declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, parece haber sido abandonada a su suerte por las autoridades. Los comerciantes del jirón de la Unión exigen mayor presencia policial, cámaras de vigilancia operativas y, sobre todo, acciones concretas que desarticulen a las bandas que operan con total libertad a pocos metros de Palacio de Gobierno.
La Séptima Fiscalía Penal Corporativa del Cercado de Lima ya ha iniciado las diligencias urgentes. Los peritos levantaron del interior del templo los casquillos de bala y otros indicios, mientras que en el exterior quedaron abandonados un casco de motocicleta, una bolsa de cartón y un teléfono celular de características básicas, que son analizados por la División de Investigación de Delitos contra el Patrimonio.
Por ahora, la Policía Nacional mantiene un operativo de búsqueda para dar con el paradero de los otros tres integrantes de la banda, que lograron escapar con los 52.000 soles. Las autoridades no descartan que se trate de una célula criminal con experiencia en este tipo de golpes, y trabajan contrarreloj para evitar que el dinero salga del país o sea lavado a través de actividades ilegales.
Mientras tanto, la imagen de una basílica manchada con sangre y pánico sigue dando la vuelta al mundo, y los limeños se preguntan hasta cuándo la delincuencia podrá profanar no solo el espacio público, sino también lo más sagrado de su fe, sin que el Estado responda con la contundencia que la ciudadanía exige.