
La organización criminal operaba bajo la fachada de una vivienda en el Balconcillo; dos adolescentes fueron rescatadas y siete celulares incautados.
El coraje cívico de un vecino, armado solo con su celular, fue suficiente para derribar una red de explotación sexual infantil que operaba con escalofriante normalidad en el corazón de La Victoria. Sus grabaciones, que mostraban el constante ir y venir de escolares con mochilas y uniformes, encendieron todas las alarmas en la urbanización Balconcillo.
En el centro de la trama criminal se encontraba Lidia Graciela Pérez, de 44 años, alias ‘Mami’, quien utilizaba su propia vivienda como fachada para ocultar un negocio macabro: el ofrecimiento de adolescentes a clientes de alto poder adquisitivo. Las víctimas eran promocionadas a través de catálogos con sus fotografías, y los encuentros se concretaban bajo la modalidad de «delivery sexual», según fuentes policiales.
Lo más perturbador es que las propias hijas de Pérez vivían en el inmueble, expuestas a la misma dinámica de abuso. La organización no solo captaba a las menores en el distrito de Huaycán para trasladarlas hasta La Victoria, sino que también controlaba cada eslabón del proceso: desde la selección de las imágenes hasta la vestimenta. Los clientes exigían que las jóvenes acudieran con uniforme escolar, un fetiche que encarecía cada encuentro hasta los 400 soles.
Las investigaciones del Ministerio Público permitieron incautar en la vivienda siete teléfonos celulares, chips y otros elementos con comunicaciones y coordinaciones que confirman la sistemática explotación. Las autoridades lograron rescatar a dos adolescentes víctimas de esta red.
Los vecinos, clave en el desenlace, no solo grabaron el ingreso constante de menores, sino también la llegada de vehículos —algunos de alta gama— que evidenciaban el perfil económico de los implicados. La lucha contra este tipo de criminalidad, una vez más, encontró su primer y más valioso testigo en la mirada atenta de la comunidad.