
La oleada de misiles iraníes, casi neutralizada por las defensas israelíes, dejó una estela de víctimas en el centro del país; la aviación israelí ataca la principal planta de explosivos de Irán en Isfahan en una jornada que eleva la tensión regional al máximo.
Al menos doce personas resultaron heridas la noche del martes en la ciudad israelí de Bnei Brak tras un ataque con municiones de racimo lanzado por Irán, en una jornada de intensos combates que llevaron a Israel a bombardear la principal planta de producción de explosivos de la República Islámica, situada cerca del estrecho de Ormuz.
Pese a que la nueva oleada de misiles iraníes fue repelida en su práctica totalidad por los sistemas de defensa aérea de Israel, un proyectil logró impactar en una zona residencial de Bnei Brak. El servicio de emergencias Magen David Adom confirmó que entre los heridos se encuentran un joven de 23 años, seis menores y una mujer de más de 80 años, la mayoría afectados por metralla y onda expansiva. Localidades cercanas como Petah Tikva, Givat Shmuel y Rosh Haayin también sufrieron daños materiales por la caída de submuniciones, sin que se registraran víctimas.
La escalada, que ha sumido a la región en una crisis de máximos, interrumpió de facto el tránsito del 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo a través del estrecho de Ormuz y desató acusaciones cruzadas sobre ataques a instalaciones nucleares. Las alarmas volvieron a sonar durante la madrugada en Jerusalén, Eilat y el centro de Israel por nuevos lanzamientos iraníes, que dejaron además decenas de personas atendidas por ansiedad aguda.
El ataque contra Bnei Brak fue el duodécimo de la jornada y elevó a nueve el número de heridos previos en territorio israelí, entre ellos dos lactantes. Fuera de Israel, una ofensiva iraní causó la muerte de un contratista civil marroquí que trabajaba para el Ejército de Emiratos Árabes Unidos en Baréin y dejó heridos a cinco efectivos emiratíes. En Kuwait, un dron impactó contra un tanque de combustible en el aeropuerto internacional de la capital, provocando un incendio sin víctimas mortales.

En respuesta, la Fuerza Aérea de Israel lanzó más de 120 bombas sobre posiciones iraníes, incluyendo baterías de misiles balísticos, fábricas de armamento y sistemas antiaéreos. El objetivo más relevante fue la principal planta de explosivos de Irán, ubicada en Isfahan, un sitio ya atacado durante la guerra de junio y que, según las autoridades militares israelíes, había sido restaurado por el régimen iraní.
Paralelamente, la Organización de Energía Atómica de Irán acusó a Estados Unidos e Israel de haber atacado la central nuclear de Bushehr, afirmando que un proyectil cayó dentro del perímetro de la planta sin causar daños ni víctimas. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó haber recibido la notificación iraní y reiteró su llamado a la moderación para salvaguardar la seguridad nuclear durante el conflicto.
En el plano diplomático, Irán remitió una comunicación al Consejo de Seguridad de la ONU y a la Organización Marítima Internacional en la que condiciona el paso por el estrecho de Ormuz: solo los “buques no hostiles” que coordinen su tránsito con las autoridades iraníes y no respalden acciones ofensivas contra Teherán podrán navegar por la vía. Estados Unidos, Israel y sus aliados quedan explícitamente excluidos de esta autorización.
La escalada actual se desencadenó tras semanas de enfrentamientos directos que siguieron a una campaña de bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel contra objetivos militares iraníes, con el objetivo declarado de debilitar al régimen y desmantelar sus programas balístico y nuclear, según informó el Ejército israelí al diario The Times of Israel.