
El streamer Christopher Puente Viena se disculpó públicamente luego de llamar “burros” y cuestionar la capacidad mental de los votantes andinos durante las Elecciones 2026. El Ministerio de Cultura ya derivó el caso a la Fiscalía por presunto delito de discriminación.
El escándalo que remeció las redes estalló en pleno contejo electoral. El popular streamer ‘Cristorata’ utilizó su canal de Kick para lanzar frases racistas contra los pobladores de la sierra peruana, desatando una ola de rechazo que llegó hasta las instancias judiciales.
En medio de la tensión por los resultados de las Elecciones 2026 y mientras el país seguía el avance del conteo de la ONPE, Cristopher Puente Viena (conocido como ‘Cristorata’) protagonizó uno de los episodios más bochornosos de la cobertura digital. Durante una transmisión en vivo, el creador de contenido —que acumula más de 687 mil seguidores— lanzó expresiones como: “No comprendo qué les pasa a estos serranos”, “burros de m…” y “no le llega el oxígeno al cerebro”, dirigidas a los votantes de regiones como Puno, Cusco y Ayacucho.
La repercusión fue inmediata y masiva. Usuarios, líderes de opinión y medios de comunicación exigieron una rectificación. Ante la presión arrolladora, Cristorata recurrió primero a su cuenta de X (antes Twitter) y luego a su propio canal de Kick para ofrecer una disculpa que muchos calificaron como insuficiente y tardía.
Visiblemente afectado por la tormenta mediática, el joven intentó enmendar su error en un video en vivo:
“Pedirle disculpas a las personas que se han sentido ofendidas por mi comentario racista. Sí, la cagué, no me voy a excusar. Es un comentario que hizo que muchas personas se sintieran mal. Asumir es de hombres y yo soy un hombre hecho y derecho”, declaró.
En su intento por contener el daño, reconoció que se dejó llevar por el “show” y que el tamaño de su plataforma no justifica la discriminación: “Lancé un comentario nefasto, hice sentir mal a muchas personas. Sé que estuvo mal y lo único que me queda es asumir y no volver a cometerlo”.
Sin embargo, sus palabras no lograron frenar las consecuencias legales.

El Ministerio de Cultura no tardó en pronunciarse. A través de un comunicado oficial, la entidad rechazó categóricamente las expresiones de Cristorata y anunció medidas concretas:
“Rechazamos las expresiones racistas emitidas por el ciudadano Cristopher Puente Viena durante una transmisión en su canal de Kick, ‘Cristorata7’, y reafirmamos nuestro compromiso con la defensa de los derechos humanos y el respeto a la diversidad cultural de nuestro país”.
El comunicado añadió que la Procuraduría Pública trasladará el caso a la Fiscalía Penal Especializada en Derechos Humanos para que se inicien investigaciones preliminares, al amparo del artículo 323 del Código Penal peruano, que sanciona los actos de discriminación.
El caso de Cristorata reabre un debate urgente: ¿hasta dónde llega la libertad de expresión en plataformas digitales cuando se cruza la línea del odio racial? Con una audiencia masiva y sin controles editoriales, sus palabras no solo hirieron a una población históricamente marginada, sino que evidenciaron cómo el racismo estructural se replica también desde las pantallas de los creadores de contenido.
El Ministerio de Cultura hizo un llamado explícito a la ciudadanía y, sobre todo, a los influenciadores digitales: “La responsabilidad en el uso del lenguaje es central en la prevención de discursos que vulneren derechos”.
Mientras la Fiscalía Penal Especializada define si el caso amerita sanción penal, Cristorata ya enfrenta una condena social irreversible. Patrocinadores, colegas streamers y una parte importante de su propia audiencia le han retirado el respaldo. Su nombre se ha convertido en sinónimo de impunidad cuestionada y de cómo el éxito efímero en internet no borra el daño real que provocan las palabras.
Este episodio quedará como un parteaguas en la regulación del discurso de odio en el Perú digital. La pregunta ahora no es si Cristorata volverá a cometer el mismo error, sino si las autoridades y la sociedad lograrán convertir esta crisis en una lección duradera sobre respeto y dignidad humana.